En su reposo. 13/08/2022. T20. E4.
“Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada”.
Nehemías 4:17
Preparados
La escena es suigéneris, poco práctica y ortodoxa, pero sin lugar a dudas necesaria.
Casi cualquier trabajo manual requiere la disponibilidad de las dos manos, y aunque no sea del todo imposible trabajar con una sola mano es incómodo y molesto.
Sin embargo, ante las circunstancias que vivían los judíos en Jerusalén, tal condición se volvió la única forma de continuar su labor.
Cualquiera otro hubiera pensado que era imposible, o se hubiera rendido a detener la obra.
Muy probablemente más de algún colaborador pensó que todo tendría que parar.
Pero la visión estaba clara en el corazón de Nehemíás, y esto lo motivó a encontrar el camino para continuar la obra sin descuidar la atención al peligro que representaba la amenaza del ataque de sus enemigos.
Y es que suele suceder que ante tal encrucijada, la respuesta de muchos es la pasividad.
"O peleo, o construyo, no puedo hacer las dos cosas", es el pensamiento normal y conformista de muchos.
Solo aquellos verdaderamente comprometidos con la visión están dispuestos a hacer los sacrificios que sean necesarios para continuar adelante.
Después no solo sacrificios, sino estrategias, como dividir los equipos de trabajo, crear guardias nocturnas, anticipar el ataque con la presencia de la trompeta que serviría de señal para unirse.
Y más sacrificios, no ir a casa, no tener tiempo para descansar o para distracciones. No era el tiempo, y ciertamente no es, espiritualmente hablando, tiempo para relajarnos, pues los retos están frente a nosotros.
Edificar el muro bajo esas circunstancias fue un reto enorme, tal como lo es edificar nuestra vida en Dios.
Habrá que hacer sacrificios, habrá que tener la espada en la mano para luchar mientras construimos, habrá que hacer guardia y evitar distraciones emocionales o pseudo espirituales.
Pero valdrá la pena, el enemigo no nos tomará por sorpresa, no podrá contra un hijo de Dios preparado, listo para pelear la batalla de la fe, para preservar su alma en íntima comunión con el Padre y en crecimiento espiritual constante.
Mientras servimos, mientras adoramos, mientras proclamamos a Cristo al mundo, cuidemos nuestra vida espiritual, cuidémonos del enemigo que quiere destruirnos, estemos alertas ante los ataques sorpresas que intentan detener nuestro crecimiento espiritual.
¡Adelante y a la victoria en Cristo!
Isaí Rodríguez Ruiz