Listen

Description

En su reposo. 06/11/2021. T9. E11.
“Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación”.
‭‭S. Juan‬ ‭11:51‬

Profeta involuntario

El ministerio profético es uno de los más atractivos ministerios de la Biblia.

Revelador de los misterios de Dios, el profeta habla con autoridad lo que el Señor le encarga para edificar, exhortar o inspirar a su pueblo.

Aunque muchos de aquellos hombres y mujeres que ejercieron el ministerio profético sufrieron el costo de tal llamado, esto sólo hace más atractivo y sublime su ministerio.

Pero no todos lo han ejercido conscientemente. El sumo sacerdote Caifás, es ejemplo de esto.

Ocupaba una posición de servicio entre Dios y el pueblo. Debía tener una relación firme y fuerte con él, pero la implicación es clara: Caifás está lejos de ser un hombre de Dios.

Sin embargo, el pasaje señala que su posición de liderazgo lo convierte, en el momento clave, en una voz que Dios utiliza para el cumplimiento de su plan de salvación.

Él pensó que hablaba por sí mismo, todos pensaron igual, pero sin darse cuenta, en realidad era Dios quien lo hizo profetizar.

Parecía que su visión del tiempo coincidía con el Padre. Jesús debía morir, y era necesario que esto sucediera a mano de los judíos.

Él hablaba con su deseo de muerte, Dios usaba eso para proveer la oportunidad de entregar a su Hijo por los pecados de la humanidad.

Qué terrible que aquel que debía ser un instrumento de bendición de manera natural y consciente, tenga que serlo sin siquiera darse cuenta, porque está demasiado ocupado siendo y haciendo lo contrario de aquello a lo que fue llamado.

Y qué muestra tan poderosa de la soberanía de Dios que es capaz de hacer cumplir su voluntad a favor de la humanidad aún valiéndose de aquellos que viven en pecado.

Más notable y trascendente es este hecho cuando aquel a quien usa se opone a su voluntad, pero incluso en esas condiciones se convierte en un instrumento que hace cumplir los designios divinos.

Los que deben ser instrumentos de Dios no siempre lo son, pues pueden convertirse en piedras de tropiezo para el bien de aquellos a quienes se supone que sirven.

Sin embargo, aún en su maldad Dios puede valerse de ello para hacer cumplir sus deseos.

Valoremos la forma providencial en que Dios proveyó salvación a la humanidad, aun utilizando a aquellos perversos de corazón.

Cuidémonos de ser sensibles a la voz de Dios y dispuestos para obedecerle.

Que nuestro servicio a Dios sea consciente y no tenga la necesidad de usarnos sin que nosotros nos demos cuenta.

Que el Señor glorifique en nuestro servicio.

Isaí Rodríguez Ruiz