En su reposo. 02/03/2022. T14. E9.
“Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa”.
2 Samuel 9:7
Promesa cumplida
David y Jonatán habían hecho un pacto de amistad que confirmaron aún en medio de circunstancias adversas.
Cuando Jonatán murió David no estaba en condiciones de cumplir la promesa que se habían hecho.
Pero una vez consolidado en el reino, David volteó su mirada a la descendencia de su amigo.
Escondido en Lodebar, Mefibo-set debió pensar que todo había terminado cuando la delegación del rey lo encontró y lo hizo viajar para encontrarse con el rey David.
Lo normal a pensar en aquel momento era que su vida correría riesgo por considerarlo un peligro para el reino de David.
Sin embargo, lo que ocurrió fue todo lo contrario a lo que esperaba el hijo de Jonatán.
Fue restituido, le fueron regresados todos los bienes de su familia, fue honrado comiendo a la mesa del rey.
Contrario a lo que se esperaba, a la costumbre cuando hay cambio en la familia que reina, arriesgando el futuro del reino de David.
Pero nada de eso importa cuando hay una promesa que cumplir. David estuvo dispuesto a hacer todo lo que fuera necesario con tal de honrar su pacto con Jonatán.
Nada obligaba a David a cumplir sus promesas, solo su propia conciencia, y eso bastó para llevarlo a actuar en consecuencia a su amor por su amigo Jonatán.
Este pacto y su cumplimento por parte de David es un pálido reflejo del pacto de amor que Dios ha hecho con la humanidad, pues nada lo obliga a hacerlo sino su amor por el ser humano.
Así mismo, este acto de David nos ofrece un poderoso ejemplo a los hijos de Dios para valorar nuestras promesas y cumplirlas con fidelidad y amor.
Vivamos agradecidos con Dios que ha cumplido su pacto de amor con el mundo al enviar a su Hijo unigénito, y honremos nuestra palabra para honrar así a nuestro Señor y Salvador.
Isaí Rodríguez Ruiz