En su reposo. 04/03/2023. T24. E85.
"Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová; volviste la cautividad de Jacob".
Sal. 85:1
Propicio
Ser propicio significa ser favorable a alguien.
Dios fue propicio con la nación de Israel al restaurarlos después de haber permitido la cautividad en Babilonia.
Esta gran obra de misericordia de Dios es recordada en el salmo, al mismo tiempo que se sigue rogando al Señor que restaure completamente a la nación según su gran amor.
La propiciación es un tema recurrente en la Biblia; desde el arca del pacto que incluye un propiciatorio, hasta la expresión del publicano en la parábola de Jesús, que clamaba: "se propicio a mí, pecador".
Lo que nos enseña por lo menos dos cosas sobre la propiciación.
Primero, que Dios puede y quiere ser propicio. Es su deseo hacer el bien al hombre; anhela proveer bienestar físico, moral pero sobre todo espiritual a la humanidad; y aunque castiga a los suyos como a Israel, está presto a restaurarlos.
Segundo, que es necesario que el hombre reconozca su necesidad de ser ayudado por Dios y suplique ser objeto de la propiciación divina.
Tenemos que aprender a acercarnos a Dios con la actitud correcta, admitiendo nuestros pecados, aceptando que el mal sobre nosotros es justo por nuestra maldad, pero que Dios es el único que puede librarnos de nuestro destino eterno de condenación.
Conscientes de esto, volvernos a él es un acto no sólo de humildad sino de rendición absoluta.
Es pedirle que sea favorable a nosotros, que nos escuche, que nos rescate, que nos restaure, que nos libere de nuestro estado de postración, de tristeza, de soledad, de vacío, o de cualesquiera otra condición que enfrentemos, pues únicamente él puede hacerlo.
Con esa actitud, y con esa fe, podemos estar seguros que su mano de misericordia se extenderá, nos tomará del suelo y nos levantará hasta pararnos firmes sobre la Roca y, seguros en él, tendremos su favor para enfrentar la vida, y para asegurar la eternidad a su lado.
Sea Dios propicio a cada corazón este día.
Isaí Rodríguez Ruiz