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En su reposo. 03/06/2022. T17. E18.
“Asimismo de Tibhat y de Cun, ciudades de Hadad-ezer, tomó David muchísimo bronce, con el que Salomón hizo el mar de bronce, las columnas, y utensilios de bronce”.
‭‭1 Crónicas‬ ‭18:8‬

Proveyendo para el futuro

El Rey David estaba consolidándose en el reino y extendiendo sus dominios.

Como parte de su poderío recibía voluntariamente regalos que representan paz o pactos de no agresión; pero también tomaban por la fuerza los botines que corresponden cuando derrota a sus enemigos.

Es así como se hace de oro, plata, bronce y todo tipo de tesoros que fortalecen su reino y debilitan a sus vecinos, pero desde entonces, la visión de David se trasladó mucho más allá.

El rey comenzó a planear el futuro templo que se construiría para Dios y se dio a la tarea de acumular todo lo necesario para cuando llegara ese momento.

Es así que dedica una buena parte de los botines de guerra a la futura construcción del templo.

Su mirada está puesta en algo que él no construirá, pero que su hijo llevará a cabo y busca la forma de apoyar el futuro.

Cuando llega a Tibhat y Cun, y observa la gran cantidad de bronce que hay en esas ciudades, piensa en que puede ser utilizado para “algo” en el futuro templo, y carga con todo el bronce para llevarlo a Jerusalén.

Fue ese bronce, años después, el que usaría su hijo para todos los utensilios y figuras de bronce que se colocaron en el templo de Dios.

Es nuestra responsabilidad mirar hacia el futuro, aquel de las generaciones que vendrán después de nosotros, aquel futuro en el que nosotros ya no hemos de estar.

Pero sobre todo, proveer para las nuevas generaciones las herramientas que podamos ofrecerles para que ellos logren lo que nosotros no hemos podido hacer.

Dios le dijo a David que él no construiría el templo, pero que lo haría su hijo.

Sabiendo eso, David comenzó a acumular todo lo que pudo para que su hijo pudiera cumplir su sueño.

David no vería el templo construido. Como nosotros muy probablemente no veremos algunos éxitos de la siguiente generación, pero es nuestro deber prepararlos y proveerles para que alcancen tales metas.

El rey acumuló tesoros materiales, pero nosotros podemos acumular tesoros más valiosos, morales, espirituales, eternos, que den fuerza a quienes vendrán después de nosotros para cumplir los propósitos de Dios que nuestra generación no logre.

Mientras hacemos lo que sí está en nuestras manos, proveamos para el futuro, mirando con amor a quienes vienen detrás de nosotros, y preparando para ellos nuestros mejores tesoros.

La gracia del Señor nos ayude a hacer así.

Isaí Rodríguez Ruiz