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En su reposo. 04/11/2022. T23. E24.

"Desde la ciudad gimen los moribundos, y claman las almas de los heridos de muerte, pero Dios no atiende su oración".

Job 24:12

Punto de quiebre

¿Quién no ha tenido un momento en el que la fe haya sido puesta a prueba?

La naturaleza humana tiende a buscar seguridad y estabilidad; y cuando estos elementos se alejan de nosotros es posible perder el rumbo por un instante y sentir que todo se pierde en un momento.

Por muy fuerte que sea la fe, es normal que encuentre días en los que parezca quebrarse.

Y es que, a veces se nos olvida que la resistencia de la fe no nace de un estado de paz y serenidad, sino que surge precisamente del fuego de la crisis.

Ese día en que nuestra fe es confrontada y parece caer, esa ocasión en que sentimos que todo se perdía como agua entre las manos, ese día nuestra fe estaba siendo probada.

O salimos fortalecidos o nos perdemos totalmente en la penumbra de la incertidumbre.

Sin darnos cuenta, sin percibir la trascendencia del momento, estamos justo en el punto de quiebre que delimitará nuestro futuro.

Job llegó a su punto de quiebre en este capítulo.

Mira a su alrededor, y después de la poderosa discusión que entabló con sus compañeros, donde ellos lo acusaban de estar viviendo solo el resultado de su maldad, y él se justificaba diciendo que no había pecado en él, Job reconoce que el mal no solo sobrevive libre de condena, si no que Dios "parece" estar distante de los resultados que provoca la maldad del impío.

Es por un breve instante, pero su fe se dobla casi hasta topar el suelo.

No, no todo tiene que estar bien siempre.

No todo tiene que ser un "estoy bien gracias".

Como hijos de Dios, es posible atravesar por días tan oscuros que el peso sobre nuestros hombros puede doblarnos hasta el punto que sintamos que no hay más fuerza para levantar un solo dedo.

Ese momento de debilidad, de angustia, de quiebre, puede llegar, no es pecado reconocer que puede pasar, que es una posibilidad en medio de tanto dolor que por un instante se ofusque el corazón y dejemos de mirar con claridad las circunstancias a nuestro alrededor.

No te condenes por un día malo, no te castigues por sentir que ya no hay fuerzas para seguir adelante, no juzgues a quien siente que ya no puede dar un paso más.

Está bien, ven a Dios, presenta tu dolor ante él, desahógate en su presencia.

El momento pasará, espera en Dios, tu fe sobrevivirá al amparo de sus alas, refúgiate en él.

Isaí Rodríguez Ruiz