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En su reposo. 08/08/2022. T19. E9.

“Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos”.

‭‭Esdras‬ ‭9:10‬

¿Qué diremos?

"Tropezar con la misma piedra" es un error casi exclusivo de los humanos.

Esdras, al enterarse de la condición en la que se encontraban los habitantes de Israel, y sobre todo los líderes de la nación, rompe en frustración y desesperación.

Rasga sus vestiuras en señal de dolor, y se vuelve a Dios en oración y ayuno buscando la forma de remediar el error cometido.

Venían regresando de una cautividad de 70 años, la cual se había dado por causa del pecado de la nación de haber dejado a Dios y volverse a los idolos paganos.

Y ahora que tienen la oportunidad de volver a comenzar, que Dios les ha dado esta gracia de regresar a su tierra, el pueblo vuelve a cometer uno de los errores que los llevó a la terrible condición anterior.

Dios les había dado la orden de no mezclarse con  las familias de otras naciones, no porque fueran especiales como raza, ni superiores en forma alguna, sino porque el Señor sabía que al mezclarse con los demás, aquellos pueblos los harían alejarse de él para ir en pos de los idolos falsos que adoraban.

Así pasó en las generaciones anteriores, empezando por el gran rey Salomón, y después con las familias de los reyes del Norte y posteriormente con el reino del Sur.

No era una historia que desconocieran, y sin embargo, helos aquí, cometiendo exactamente el mismo acto que sus antepasados.

¿Qué diremos?, es  la pregunta avergonzada de Esdras para Dios, es la muestra de su impotencia ante la actitud del pueblo, ante su terquedad, su tendencia al pecado.

¿Qué podemos decirle a Dios cuando fallamos una y otra vez con la misma situación cada día?

¿Qué argumento podemos usar para presentarnos delante de él?

¿Qué excusa daremos hoy ante quien nos ha perdonado nuestros pecados pasados?

La realidad, antigua y presente, es que cuando el hombre deja de lado los mandamientos de Dios, es normal que resulte en una vida que valora poco las ordenanzas divinas y se rebela con facilidad contra ellas.

Es entendible que querramos vivir a nuestro antojo, según el arbitrio de nuestros deseos, de nuestras pasiones, de nuestro corazón, pero así como en aquel tiempo, la lección ya había sido impartida con el terrible castigo de la destrucción de la ciudad y la deportación del pueblo a Babilonia, hoy en día tenemos claro en la Biblia el destino que espera a quienes se rebelan ante Dios.

No hay argumento, no hay excusa, no hay nada que podamos hacer, salvo la actitud de Esdras, rasgar nuestros corazones delante de Dios, en sincero y profundo arrepentimiento por nuestros pecados.

Reconocer la maldad de nuestros actos, admitir la imposibilidad del perdón por causa de la justicia e ira divina que solo nos ofrece un castigo peor que el de la destrucción de Jerusalén, y volvernos a Dios esperando únicamente en su infinita misericordia si es que acaso tendra a bien perdonarnos.

Que este día, en serenidad del alma, reflexionemos y volvamos a Dios reconociendo nuestero pecado, la ineficacia de nuestras excusas y apelando a su amor inconmensurable.

Isaí Rodríguez Ruiz