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En su reposo. 09/03/2023. T24. E89.

"Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu fidelidad te rodea".

Sal. 89:8

¿Quién como tú?

Un salmo impresionante, lleno de adoración, clamor, entrega.

En él, el salmista expresa por una parte su dolor por haber perdido la protección de Dios ha causa del pecado de la nación, y es por eso que se humilla ante el Señor; al tiempo que recuerda  las promesas hechas a David, y la grandeza, fidelidad y poderío del Dios de Israel.

Y en medio de todo, adoración. Adoración por su fidelidad; adoración aun en medio de su dolor; adoración por quién es Dios, adoración por lo que es capaz de hacer, adoración incluso cuando no hace aquello que esperaban de él cuando llegaron los enemigos a destruir la santa ciudad.

Y es que, cómo no adorarlo si sabemos perfectamente que no hay otro dios como él.

¿Quién como tú? Es una pregunta retórica, pues la respuesta la conoce bien: nadie.

Dios todavía permite que sus hijos atraviesen por las consecuencias de su mal proceder, pero eso no minimiza su fidelidad, grandeza y poderío. Él sigue siendo Dios.

El Señor aun castiga al hijo que ama, pero esta verdad no le quita un solo gramo de gloria y dignidad. Sigue mereciendo la adoración de toda la creación.

Nuestro clamor a él en busca de su misericordia sigue siendo la única esperanza de paz y fortaleza en medio del dolor, y esto se debe únicamente a que no hay nadie más en el universo como Dios.

Así que, bajo cualquier circunstancia, buena o mala, Dios sigue siendo Dios, el único, el todopoderoso, fiel, justo, santo, perfecto.

Adorarlo es privilegio y responsabilidad; honor y obligación.

Que al cuestionarnos sobre la divinidad, podamos reconocer como el salmista que no hay nadie que se compare siquiera a la grandeza de nuestro Dios, y que motivados por esta verdad, nos volvamos a él en absoluta dependencia y en ferviente adoración.

Isaí Rodríguez Ruiz