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En su reposo. 23/11/2022. T23. E41.

"¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío".

Job 41:11

¿Quién?

Si el leviatán que se describe en el capítulo es una figura que provoca temor tan solo de leer sus características, la escena de Dios confrontando a Job con esta pregunta resulta realmente sobrecogedora e intimidante.

Solo puede visualizarse con la idea de un Dios que se agiganta pregunta tras pregunta delante de Job, el cual no atina más que a empequeñecerse vez tras vez, hasta casi convertirse en la nada.

Vamos Job, ¿dime quién?, ¿acaso tú? ¿Crees que te debo algo? ¿que tienes derecho a exigirme? ¿De verdad crees que puedes presentarse delante de mí y ponerte a mi altura?

Para ratificar su argumento Dios dice que todo es de él. Lo que significa en pocas palabras que es su poder sanador, no tuyo, es su oro y su plata, no tuya, es su poder que da vida, no tuyo.

Te quejas que él te quitó algo, pero te olvidas que eso que te quitó era suyo de antemano. Él tiene el derecho de tomarlo cuando así lo desee.

Y, ¿con qué derecho le recriminas, si de todos modos era suyo?

Piensas que le has dado algo y que a cambio él tiene la obligación de darte lo que le pidas, pero olvidas que eso que le diste, ya era suyo desde la eternidad. Solo le regresaste lo que le pertenecía, así que él no está obligado a darte algo solo porque le regresaste lo que de todos modos era de su propiedad.

Esta dura verdad puede incomodarnos, puede hacernos sentir impotentes ante un Dios que no da porque le demos, que no da porque lo merezcamos o porque le entreguemos algo a cambio.

Qué bien, porque esa es la verdad, y entre más rápido la aceptemos más fácilmente entenderemos que la razón por la que da, o no, es porque nos ama; la razón por la que provee, o no, es porque es infinitamente misericordioso.

Así que si en su perfecta voluntad decide dar, qué bueno; pero si en su perfecta voluntad decide no dar, ¿quién puede decirle que es injusto?

¿Quién cree que Dios tiene algo que es nuestro y él tiene la obligación de dárnoslo? ¿Quién se cree capaz de subir al cielo y quitarle a Dios lo que "es suyo"?

¿Quién puede obligarlo a hacer algo fuera de su voluntad perfecta?, ¿tú?, o ¿tú?, o ¿tú?

Nadie en su sano juicio se acercaría al leviatán de manera osada, y Dios dice de sí mismo: "¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?" (vr. 10).

Job se extralimitó en su defensa, y Dios tuvo que recordarle cuál era su lugar. Mucho cuidado con querer retar a Dios, la advertencia está ahí mismo en la figura del leviatán: "Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla, y nunca más volverás" (vr. 8).

Tengamos cuidado de no olvidar quién está sentado en el trono.

Isaí Rodríguez Ruiz