Listen

Description

En su reposo. 05/10/2022. T22. E26.

"Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!".

Hechos 26:29

¡Quiera Dios!

La respuesta de Pablo al rey Agripa encierra el sentir de todo verdadero hijo de Dios en la evangelización.

El mundo entero, y a veces también la iglesia, ha malentendido los motivos para predicar a Cristo.

Los hay quienes creen que se trata de imposición religiosa, ideológica, cultural o política. Y sin dejar de reconocer que en algún momento de la historia esto ha sucedido, no es tal el espíritu del pueblo de Dios en la predicación.

El evangelio no se puede imponer, no se debe imponer, ni en países, ni en familias, ni en corazón alguno. El evangelio es totalmente una decisión personal.

No faltan aquellos que solo ven números, tanto de membresías como financieros; y su único enfoque está en ser más por el simple hecho de que esto traerá beneficios materiales.

También están aquellos que ven en la predicación del evangelio una medida de éxito ministerial, como si ser líder de opinión, predicador famoso, o "influencer" cristiano, nos diera mayor valor ante Dios.

Pero todos ellos están equivocados. El verdadero sentir de la predicación, la inspiración única que nos impulsa o debe impulsar a hablar a otros de Cristo, es el deseo ferviente de que ellos también obtengan lo que se nos ha regalado.

Prácticamente, Pablo está diciendo: "soy tan pleno, tan feliz, que, sin importar más nada, él único anhelo de mi corazón es que tú también tengas esto que yo disfruto cada día".

Este sentir es el que impulsaba al apóstol, y con eso le bastó para llenar dos continentes del evangelio.

El evangelismo se trata solamente de mostrar al mundo aquello que nos sació a nosotros y puede saciarlos a ellos también.

El gozo de Cristo, solo eso, el gozo de la salvación es lo que nos empuja, llenos de emoción y gratitud, para desear con el alma que nuestros amigos, familiares, vecinos y conocidos, reciban el mismo regalo de amor que desborda nuestro pecho.

Jamás se ha tratado de llenar templos, o alcanzar éxitos ministeriales; no tiene nada que ver con lograr un estatus dentro de la sociedad, mucho menos con números ni elogios.

Fortalezcamos, y si es necesario, recuperemos este espíritu, esta pasión, esta alegría. Prediquemos a Cristo con esta sola idea en mente:

¡Quiera Dios que todos los demás tengan lo que yo tengo!

Isaí Rodríguez Ruiz