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En su reposo. 28/02/2023. T24. E81.

"Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí".

Sal. 81:11

¿Quieres a Dios?

Este salmo es fácilmente dividido en tres partes.

La primera es la invitación a adorar a Dios (vv. 1-5).

Hay fechas especiales que nos recuerdan que tenemos la oportunidad de acercarnos a Dios en adoración.

En este caso la invitación es a cantar al Señor en el día solemne (v. 3), un día escogido especialmente para adorar a Jehová.

Qué importante es que tomemos tiempo específico para acercarnos al Señor y tributarle la gloria que él se merece.

La segunda parte hace una reflexión sobre la libertad que Dios le otorgó a su pueblo al liberarlos de la esclavitud en Egipto (vv. 6-10).

Todas las maravillas que Dios hizo para sacar a Israel de su postración y darles las leyes para que vivieran en sus caminos.

La tercera parte, sin embargo, revela la triste realidad (vv. 11-16).

Una nación que no quiso obedecer a Dios, y que sufrió las consecuencias, señalando además, la gran diferencia en la vida del pueblo escogido si hubiera querido obedecer al Señor.

Y es entonces que el versículo 11 toma trascendencia, porque todo lo que pudo ser, comparado con todo lo que fue, tiene su punto de inflexión en la decisión de Israel de no querer a Dios.

No quisieron a Dios en sus vidas, no lo oyeron, no prestaron atención, no obedecieron, no siguieron sus caminos, no quisieron.

Fue decisión de ellos, y todo lo bueno que les esperaba a la vuelta de la esquina se perdió, para recibir a cambio tristeza, destrucción y soledad.

Lo mismo sigue ocurriendo en nuestros días, Dios puede y quiere librarnos de la esclavitud del pecado, y proveernos toda clase de bendiciones en la tierra y en el cielo, pero cada persona tiene que decidir si quiere o no a Dios en su vida.

Pero quererlo significa estar dispuesto a permitirle que nos libere de nuestra esclavitud espiritual, obedecer sus preceptos,  caminar en su santidad, y adorarlo con el corazón.

Y usted, ¿quiere a Dios?

Isaí Rodríguez Ruiz