En su reposo. 23/09/2022. T22. E16.
"Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios".
Hechos 16:34
Regocijo
Una de las características que distinguen a los cristianos, es que son fácilmente identificables.
Al menos aquellos que son genuinamente cristianos.
Y no solo, ni prioritariamente se distinguen por su vestuario o por costumbres, sino por sus actitudes y sus hechos.
De entre estos elementos visibles, el pasaje que nos ocupa revela una actitud que se replica en cada verdadero discípulo de Jesús.
Sin proponérselo y mucho menos planearlo, las personas que llegan a tener un encuentro con Jesús como su Señor y Salvador, se distinguen por el gozo que los invade.
La historia del carcelero de Filipos revela, que su regocijo no era porque Pablo evitó que los presos escaparan; ni tampoco se dio porque su vida se libró de un posible castigo.
Su gozo tenía un origen: Cristo.
Entendió el evangelio que se le predicó desde el testimonio de Pablo y Silas, su vida, su actitud ante el castigo, sus cánticos dentro del calabozo.
Conoció el evangelio sentado a la mesa de su hogar, rodeado de su familia y se dio cuenta de su imperiosa necesidad de ser perdonado por sus pecados.
Y cuando descubrió que todo estaba ya pagado, depósito su fe en Jesús, creyó en él, fue bautizado en aquella misma hora, y todo eso, su perdón, su salvación, su familia salva, su futuro eterno asegurado, fue lo que llenó su corazón de una dicha que no le cupo en el pecho.
Se notaba, no solo en su sonrisa, sino en su paz, su seguridad y su generosidad; pues atendió a los predicadores del evangelio con alegría desmedida.
Aquel hombre no es el único ejemplo en la Biblia sobre este gozo; ni siquiera es el único ejemplo en este capítulo.
En la misma ciudad, una vendedora de púrpura tuvo una reacción equivalente; pues al escuchar y recibir el evangelio, fue sin duda el gozo de su salvación lo que la orilló a "obligar" a Pablo y sus acompañantes a recibir su hospitalidad y generosidad.
Es el gozo de ser perdonados y salvos lo que distingue a los cristianos; y esto, a su vez, nos lleva a pensar, actuar, sentir y vivir de manera diferente.
Que el regocijo por el perdón inmerecido sea nuestro distintivo, y que llenos del gozo del Señor, vivamos compartiendo esta plenitud con el mundo entero.
Isaí Rodríguez Ruiz