En su reposo. 31/10/2022. T23. 20.
"Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro".
Job 20:2
Respuesta presurosa
Los argumentos van y vienen en el debate de las ideas de Job y sus amigos.
Cada uno aporta lo que considera adecuado para argumentar a favor de su pensamiento.
Sin embargo, en medio de su discusión, como la de cualquier discusión entre personas, Zofar comete uno de los errores más comunes al hablar.
Habla apresuradamente.
Él mismo afirma que se apresura a contestar basado en sus pensamientos, y es que llevados por la emoción del momento, cualquiera de nosotros puede caer en en este fallo.
Es fácil hablar sin pensar.
Peor aún cuando en el siguiente versículo el amigo de Job afirma: "me hace responder el espíritu de mi inteligencia".
En otras palabras, no solo responde de manera precipitada, sino que lo hace confiando en su propia capacidad.
Craso error.
Cuántos problemas podrían evitarse en el mundo si detuviéramos la respuesta rápida, sin razonar, surgida de nuestro ego que cree saberlo todo, que piensa tener la razón absoluta.
Y no porque su respuesta tenga un error teológico, pero sí mantiene la falla de su otro compañero, Bildad, quien acusa a Job de ser un impío como la razón de todos sus males.
Zofar no pensó, no consideró los errores de aquel que primero había hablado, aferró su mente a sus ideas preconcebidas y rechazó de manera tajante la posibilidad de que Bildad y él estuvieran equivocados.
Así, apenas terminó Job de hablar, ya está irrumpiendo en la mesa con su torrente de palabras sin el filtro de la sabiduría, poco mesuradas, y con nula empatía.
Bien haremos en evitar ese camino. Ser humildes para escuchar con atención los argumentos ajenos, considerar seriamente la posibilidad de estar equivocados en nuestras posturas radicales, y sobre todo, con la sabiduría para cuidar las palabras y el tono de éstas al salir de nuestra boca.
Nos conceda el Señor su gracia para seguir la senda de la sabiduría y la prudencia al hablar.
Isaí Rodríguez Ruiz