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En su reposo. 09/01/2023. T24. E38.

"No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí".

Sal. 38:21

Súplica

El estado físico, emocional y espiritual de David era deplorable.

Moría, por dentro y por fuera, y su única esperanza era Dios.

El salmo muestra una llaga abierta en el corazón del rey de Israel y nos lleva a pensar y recordar cuántas veces nosotros hemos estado en una condición parecida.

Enfermos, deprimidos, sin fuerzas, desgastados y sin una sola esperanza en el horizonte; por el contrario, parece que aún viene lo peor en el camino.

Pero en medio de tan triste condición, el salmo muestras las acciones de David que pueden ser un ejemplo para todos los tiempos.

En primer lugar, el salmo entero es una oración, que nos recuerda la puerta siempre abierta que tenemos para ir a Dios y exponer nuestro dolor en su presencia.

Una y otra vez el salmista escribe, habla, canta, gime, grita, suplica.

Y es que ante Dios siempre podremos ir sin importar lo mal que se encuentre todo.

En segundo lugar, el escritor sagrado aprovecha para confesar su maldad, su pecado y mostrar una actitud de humildad ante el Dios santo y perfecto.

Así lo expresa el versículo 18 cuando dice: "Por tanto, confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado".

Qué oportuno es venir a él no solo a exponer nuestra congoja, sino con la actitud correcta, la humildad y el reconocimiento de nuestro pecado y la total dependencia que tenemos de su misericordia.

Y por último, saber que clamamos y nos escucha, y saber que lo hacemos no desde el orgullo o la demanda sino desde la súplica de un corazón humilde, nos lleva a la seguridad de saber que él actuará a nuestro favor.

Es por eso que David espera, tal y como hoy todavía podemos esperar en Dios y decirle: "Porque en ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, Jehová Dios mío" (v. 15).

Supliquemos humildemente, y esperemos con paciencia. Dios responderá y se glorificará en nuestras vidas.

Isaí Rodríguez Ruiz