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En su reposo. 21/01/2023. T24. E49.

"Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia".

Sal. 49:4

Sabiduría e inteligencia

El tema principal del salmo es la ineficacia de los bienes y la insensatez de quienes confían en las riquezas.

Pero el llamado que hace el salmista para dar ese mensaje, es igualmente importante.

Abordar temas delicados, como la crudeza de descartar lo que todo mundo de hecho anhela, las riquezas, no es tarea fácil; lo que hace trascendente  los argumentos del autor del salmo para expresarse.

Sabe que requiere sabiduría, inteligencia, sagacidad; así que no duda en depender de estos recursos para defender su postura.

Ante la necesidad latente de expresarnos, es necesario hacerlo con sabiduría e inteligencia.

Cuántos fuegos se hubieran extinguido incluso desde antes de comenzar, si la lengua hubiera sido sujetada por la sabiduría.

Claro que tiene razón en sus pensamientos. Por supuesto que las riquezas nunca serán suficientes para comprar aquello que es eterno.

No existe suficiente oro en el universo entero que logre el perdón de uno solo de nuestros pecados, pues aun cuando el hombre lo acumulase por montones, sigue perteneciendo a su creador y verdadero dueño.

Es una locura confiar en los bienes materiales, su destino será solo la muerte y el olvido, y no se llevarán nada de lo que aquí hayan acumulado.

Sin duda todo esto es verdad, como muchas otras cosas que se tienen que decir, pero la clave está en la forma en que las decimos.

De ahí la importancia de usar sabiduría e inteligencia para hacerlo.

Que algo sea verdad no significa que podemos decirlo sin consideraciones. La belleza literaria de este salmo es un claro ejemplo de eso.

Necesitamos tomar en cuenta la forma, las palabras, el tono, las expresiones faciales y corporales a la hora de expresarnos, pues así cuidamos de quienes nos oyen, pero sobre todo porque de esa manera honramos a Dios.

Pidamos sabiduría e inteligencia para hablar, expresémonos con gracia ante los hombres, aun cuando tengamos que decir verdades incómodas, y exaltemos de esa manera el nombre de nuestro Señor.

Isaí Rodríguez Ruiz