En su reposo. 09/12/2022. T24. E12.
"Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres".
Sal. 12:1
Salva
La idea de salvación es imposible de entender hasta que se reconocen dos grandes verdades.
Primero, la necesidad de salvación.
Segundo, la inexistencia de otra salvación.
Nadie valora una salvación que no puede observar. Solo hasta que reconocemos nuestra condición de indefensión es que somos capaces de aceptar la necesidad de ser salvos.
El que se cree sano no ve la necesidad de medicina, pero el que es diagnosticado con una enfermedad hace hasta lo imposible por salvarse, sabe que necesita ayuda.
Es hasta que el hombre reconoce que es un pecador y que está condenado a una eternidad en el lugar del lloro y crujir de dientes, que mira hacia el cielo y busca una mano que lo rescate.
Y cuando descubre que nada de lo que haga, o de lo que otros hagan puede ayudarlo, y solo hasta entonces, se rinde ante la inevitable verdad, su único medio de salvación se llama Jesús.
Es en ese momento que el clamor surge de un corazón sincero, urgido, arrepentido, necesitado de salvación.
"Salva oh Jehová, salva oh Señor, sálvame Jesús".
La maldad del hombre aumenta, los piadosos son cada vez menos, la injusticia prolifera, hoy más que nunca necesitamos clamar a Dios: ¡salva!
Salva mi alma, pero también salva a mi familia, a mis amigos, a mis seres queridos.
Salva al mundo de su propia perversión, sálvalo de la condenación segura que les espera lejos de ti.
La iglesia debe clamar, no solo por su propia salvación, sino por la de todo el mundo, pues esa es la voluntad y el anhelo del corazón mismo del Señor.
Clamemos, roguemos, pero al mismo tiempo proclamemos al mundo la esperanza de salvación que tienen en Cristo.
Isaí Rodríguez Ruiz