En su reposo. 10/03/2022. T14. E16.
“Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí”.
2 Samuel 16:14
Siba y Simei
La noche triste de David lo alcanzó en Bahurim.
Caminaron por horas, subieron el monte, adoraron, descendieron y se dirigieron al desierto.
Paraban apenas el tiempo mínimo escapando de la espada de Absalón.
Quisiéramos que al menos en la huida todo marchara en orden y por momentos parecía así.
Al empezar el descenso de la cumbre llegó Siba con un poco de consuelo. Monturas, alimento y bebida para la familia y el séquito real.
Un poco de esperanza ante tan triste escenario. Pero cuando la situación parecía aligerarse, apareció en lo alto del camino Simei.
A Siba lo conocemos, pero Simei aparece de la nada en la escena.
Solo se sabe que es familiar del malogrado Rey Saúl pero aprovecha el momento para escupir toda la ira que lo consumía.
Añade así al sufrimiento de David y los suyos, opacando el rayo de esperanza que la buena obra de Siba había otorgado.
No es fácil transitar por el tiempo de la crisis.
Adoramos a Dios y pareciera por momentos que las cosas mejoran y luego arrecia el mal sobre nuestra pequeña embarcación.
Bien haremos en reconocer la fatiga que nos consume, en aceptar lo terrible de nuestra condición y en admitir nuestra necesidad de descanso.
Un alto en el camino era necesario para David y los suyos. Comer al pan, saborear las pasas y los higos, y saciar la sed con el vino. Ignorar los ataques de quienes disfrutan nuestro mal momento y refugiarnos en un espacio donde podamos recuperar energías.
Qué mejor lugar para eso que la cobertura del cielo. El pan de su palabra, el alimento que fortalezca nuestro ser entero, la fresca presencia de su Espíritu renovando la fe y el ánimo para seguir adelante.
Agradezcamos el remanso y provisión de Siba, ignoremos los ataques de Simei y busquemos refugio y fortaleza en la sombra del Altísimo.
Isaí Rodríguez Ruiz