En su reposo. 20/02/2023. T24. E74.
"No entregues a las fieras el alma de tu tórtola, y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos".
Sal. 74:19
Tórtola
El ruego del salmista es constante, apasionado, insistente.
"Por favor Señor, líbranos del que busca hacernos daño".
El salmo describe todo el mal que la nación estuvo experimentando en esos días.
El monte de Sion, la santa ciudad, el templo del Altísimo, todo destruido, profanado, menospreciado por el enemigo.
En medio de su angustia, el autor del salmo apela a Dios de una forma sumamente tierna e inspiradora.
Llama al pueblo de Dios su tórtola.
"No entregues a las fieras el alma de tu tórtola".
Bellas, tiernas, símbolo de paz y de amor, las tórtolas han sido utilizadas para representar todo lo bueno, lo que se ama y se desea proteger.
Israel es entonces, la tórtola de Dios. Su más grande cariño, la ternura, aquello que Dios ama y protege, cuida y embellece.
Verse a sí mismo como esa tórtola, hace del pueblo de Dios humilde, dependiente para todo de la divina mano benefactora que lo cuida y le provee todo lo necesario.
Sin embargo, la grandeza de esta analogía está en el hecho de que esta tórtola puede también representar "la congregación de los afligidos".
Aquellos que sufren oprobio, injusticias y aflicción son vistos por Dios con amor.
Y por lo tanto, en esta comparación podemos encontrar una actitud que puede ser un camino para ser escuchados por Dios.
Vernos a nosotros mismos débiles, dependientes de la gracia de Dios, conscientes de nuestra necesidad de él.
Solo así podremos clamar a él con la humildad correcta, la certeza de ser escuchados, y de que actuará a nuestro favor.
Humillémonos ante Dios y dejemos que nos tome en sus manos, cual pequeñas tórtolas, y nos llene de amor y cuidados como solo él sabe hacerlo.
Isaí Rodríguez Ruiz