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En su reposo. 30/01/2023. T24. E56.

"En el día que temo, yo en ti confío".

Sal. 56:3

Temor y confianza

La paradoja de la frase del versículo 3 solo puede ser entendida desde la honestidad y la seguridad.

La honestidad para reconocer el temor es algo digno de elogiar.

La mayoría de las personas prefieren fingir, mentir, aparentar, pero nunca admitir que tienen miedo.

David en cambio, tiene miedo, lo acepta y lo anuncia a todos.

El gran David, el mata gigantes, el carismático, atractivo y poderoso guerrero, tiene miedo.

Reconocer el miedo no es un error, es el primer paso para superarlo.

¿Cómo podemos superar el miedo?

De la misma manera que lo lograba David: confiando.

El tema del salmo no es el miedo, es la confianza.

De hecho, los versículos 4 y 11 repiten la misma frase, señal inequívoca de su importancia.

En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre? (v. 4).

En Dios alabaré su palabra; en Jehová su palabra alabaré. En Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre? (vv. 10,11).

¿Cómo puede alguien tener miedo y confianza al mismo tiempo?

No se trata de negar el miedo, fingir que no tememos, tratar de mostrar que todo está super bien y que no tenemos problemas o necesidad, o flaquezas, angustias o preocupaciones.

No siempre estamos bien, y está bien admitirlo; pero, aun en medio del miedo, confiamos.

Tengo miedo, pero confío, confío en alguien que sé que es superior a mis miedos, a mis problemas y necesidades.

Confío que él me escucha cuando clamo, que está ahí y me librará de todo mal, porque sé que tiene el control de todas las cosas, por lo tanto, confío.

No puedo eliminar lo que siento, el miedo, pero puedo confiar en lo que creo.

Creo en Dios, creo en su poder, creo en su amor, creo en su perfecta voluntad, creo en su propósito; y por tanto, confío.

Crezcamos en fe y veremos el poder de Dios sobre nuestras adversidades.

Isaí Rodríguez Ruiz