En su reposo. 19/07/2022. T18. E28.
"Además de eso recogió Acaz los utensilios de la casa de Dios, y los quebró, y cerró las puertas de la casa de Jehová, y se hizo altares en Jerusalén en todos los rincones".
2 Crónicas 28:24
Templo cerrado
Error tras error, Acaz fue convirtiendo su reino, de una estabilidad en todos los aspectos de la vida de la nación, a una debilidad y sufrimiento inigualable.
Estrechado por todos lados, los enemigos lo asediaban y lograban tremendas victorias en contra de su ejercíto, que se veía menguado vez tras vez.
Pero en lugar de considerar que probablemente su situación se debía a haber renunciado a Dios, como los profetas le hacían ver, él siempre buscó explicaciones a su gusto, llegando incluso a justiicar de manera risible su adoracion a los dioses que según él lo habían derrotado.
Pero de todos los errores cometidos, quizá el más significativo sea el hecho de que al verse en tales predicamentos, no buscó a Dios, sino que cerró el tepmlo a Jehová.
Endureció su corazón a tal grado que renunció volulntariamente a la unica puerta de salida que tenía de su desgracia.
Cerrar el templo significaba darle la espalda totalmente a Dios y confiar en sus fuerzas, fuerzas que ya había quedado claro que cada día disminuían estrepitósamente.
El versículo incluso revela que quebró todos los utensiliios del templo, como para evitar que alguien pudiera utilizarlos para buscar a Dios.
¿No será que los problemas y luchas que enfrentamos tengan que ver con el hecho de que por orgullo o presunción hemos cerrado las puertas de la comunión con Dios?
Quebramos todo aquello que pudiera relacionarnos con él, y después nos preguntamos: ¿por qué me pasó esto a mi?
Bloqueamos el acceso de Dios a nuestras vidas, y luego nos preguntamos: ¿Dónde está Dios?
Como Acaz, olvidamos a Dios, buscamos nuestros propios altares para adorar lo que nosotros mismos creamos, pero luego creemos que seremos dignos de recibir solo cosas buenas.
Examinemos nuestro corazón, no sea acaso que hemos cerrado alguna parte del mismo a Dios y está afuera esperando que le demos la oportunidad de entrar y bendecirnos como sólo él lo sabe hacer.
Restauremos, renovemos y fortalezcamos la comunión con nuestro bendito Señor y Salvador.
Isaí Rodríguez Ruiz