En su reposo. 22/09/2022. T22. E15.
"Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?".
Hechos 15:10
Tentar a Dios
El argumento de Pedro para defender la libertad de los gentiles sobre la ley, fue radical.
Tenía que ser así, pues lo que estaba en juego no era una cuestión de nacionalidades, mucho menos de egos o costumbres, era la doctrina de la salvación la que pendía de un hilo.
¿Somos salvos por gracia, o por obedecer la ley?
¿Somos salvos por fe en Jesús o por la obras que realizamos para adquirir perdón?
La ley de Moisés no había sido cumplida de manera perfecta por ningún judío, ¿era justo que ahora se pidiera a los gentiles que también llevaran esa carga, cuando Jesús ya había pagado el precio de su salvación, al igual que la de los judíos?
Semejante atrevimiento, ¿no es equivalente a tentar a Dios?
Pedro parece tener en la mente sus propias palabras a Safira cuando le dijo: ". . . ¿Por que convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? (Hch. 5:9).
¿Qué es tentar a Dios? Es saber con claridad cuando algo está en contra de la voluntad de Dios y aún así empeñarse en hacerlo.
Para Pedro era demasiado obvio que la respuesta estaba ahí, visible, clara y cristalina. Ir contra ella sería un acto de rebeldía premeditado, y nadie escapa del juicio de Dios por semejante intento de tentar al Señor.
La salvación no depende de lo que hagamos, sino de en quién creemos.
El perdón de pecados no se basa en cumplir una serie de reglas, sino aceptar por fe el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario.
Obligar a los gentiles a circuncidarse y guardar la ley como requisito para ser salvo, es equivalente a menospreciar la muerte y resurrección de Jesús. Y peor aún, es infructuosa, pues no hay salvación en ningún bien que haga el hombre.
Cualquiera que enseñe, predique, o insista en obligar a alguien a cumplir con reglas humanas o tradiciones como algo necesario para la salvación del alma, está caminando por la peligrosa senda de tentar a Dios.
Dicho esto, y para evitar confusiones, recordemos que si bien la salvación es por gracia, una vez salvos, la gratitud ha de llevarnos por la senda de la santidad, que nos permita vivir agradando al Señor cada día de nuestra vida.
Es decir, las obras no son para salvación, pero si son para demostrar que ya somos salvos.
El perfecto equilibrio entre estos conceptos debe ser claro en nuestros corazones para no encontrarnos en algún momento, tentando al Señor.
Guárdenos Dios en su gracia y misericordia.
Isaí Rodríguez Ruiz