En su reposo. 14/12/2021. T10. E22.
“Sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová”.
Josué 22:27
Testimonio
La importancia de una buena comunicación puede notarse en este pasaje.
Los hijo de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés hicieron un altar conmemorativo pero no lo notificaron previamente a sus hermanos de las demás tribus.
Esto estuvo a punto de generar una crisis entre las tribus apenas lograda la conquista y distribuida la tierra.
La sabiduría se hizo presente al no ir directamente con las armas sino enviar a un grupo de representantes, liderados por Finnes, para dialogar con las dos tribus y media para conocer las circunstancias.
De ahí en más, la explicación que ellos dieron satisfizo tanto a los representantes como a toda la nación y dejó un ejemplo para todos.
El altar, un símil del original que estaba en el tabernáculo, tenía un propósito diferente al primero.
Bien sabían, Rubén, Gad y Manasés, que Dios había ordenado que en ningún otro lugar se levantara altar y se elevaran ofrendas ni a él ni a ningún dios, solo en el altar que estaba en el tabernáculo.
Pero su objetivo era diferente. Era un objetivo de testimonio. Un testimonio generacional. Una forma visible y tangible de dejar una enseñanza para todas las generaciones.
Las dos tribus y media al otro lado del Jordán eran tan israelitas como todas las demás. Su visión del futuro y su lejanía del tabernáculo los llevó a considerar esta opción como una oportunidad para conectar a las nuevas generaciones a la unidad nacional y a su historia única.
Nada puede ser más verdad que la importancia del cuidado de las nuevas generaciones.
Esta atención que se debe prestar a los que vienen detrás de nosotros incluye proveerles los recursos necesarios, tangibles e intangibles, para conectarse con el pasado.
Conectar a las nuevas generaciones a Dios, como el único y gran Dios, como el Dios de sus padres y el Dios de ellos, dará a cada generación la oportunidad de conocerlo personalmente y de no olvidar lo que Dios ha hecho por ellos en el pasado.
Dará identidad, unidad, pertenencia, y proyectará estabilidad y crecimiento espiritual e integral.
Ya no hay necesidad de un altar físico, de una copia del original, pero nuestras vidas pueden ser un testimonio, un altar que cuente a los niños y jóvenes lo que Dios ha hecho antes y puede hacer por ellos ahora, para que conozcan la gloria del Dios que adoramos de manera directa y personal.
El Señor nos ayude a hacerlo así.
Isaí Rodríguez Ruiz