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En su reposo. 25/04/2022. T16. E9.
“Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová”.
‭‭2 Reyes‬ ‭9:26‬

Tiempo de juicio

La conspiración de Jehú contra el rey Joram es una de las más impresionantes de la Biblia.

No solo porque fue profetizada y de alguna manera instigada por Jehová, sino por su propósito.

Desde Elias tisbita se había declarado el juicio contra la casa de Acab, pero pasaron los años y no parecía ocurrir el momento del juicio divino.

Incluso Jezabel, quien había sido la principal promotora de la adoración a Baal, y por tanto de la precipitada caída espiritual de la nación, gozaba de la vida como reina madre y continuaba usando sus artes maquiavélicos para seducir a los hombres y llevarlos por su camino de perdición.

Cuántas veces parece que Dios no ve las injusticias, la maldad, la perversidad del hombre.

Incluso, aquella palabra profética de Elias parecía haber caído en el olvido y se veía muy lejana de hacerse realidad.

Sin embargo, en el momento menos esperado, bajo las condiciones menos probables, pero en el tiempo de Dios, la justicia caerá sobre sus enemigos y sobre aquellos que han quebrantado su ley.

La profecía de Elias en la heredad de Nabot es el eje central de este capítulo.

Su recordatorio, pero sobre todo su cumplimiento al pie de la letra.

Aunque parecía olvidada, aunque parecía que jamás se cumpliría. Dios no olvida y su juicio no es algo de lo que el hombre podrá escapar.

El juicio de Dios cayó sobre Acab y toda su familia. Y el juicio de Dios caerá sobre el impío sin faltar una sola de sus palabras y sin olvidar uno solo de sus pecados.

No importa que por ahora prospere. No importa que por ahora le vaya todo bien. No importa que siga disfrutando de la vida y de los bienes de este mundo.

Un día, la mano de Dios caerá sobre él y ella, y la ira divina se hará sentir sobre el pecador, de tal forma que no quedará rastro de su vida y de su maldad.

La sangre de Nabot fue vengada y recibió la justicia que merecía en el castigo de Acab. De nosotros depende en qué lado de la justicia divina estaremos.

El justo que ha sido violentado, cuya vida ha sufrido las consecuencias de la maldad y que ha sido oprimido por el impío, no será olvidado por la justicia de Dios.

Ahí radica la esperanza del hijo de Dios. Y ahí se encuentra nuestra fe y motivo para seguir siendo fieles a Dios.

Vivir justa y rectamente delante de él, sabiendo que sin importar las injusticias de que seamos objeto, a su tiempo el pago de Dios vendrá sobre el pecador.

Su palabra se cumplirá y la justicia llegará, vivamos de tal forma que seamos tomados por justos delante de él.

Isaí Rodríguez Ruiz