En su reposo. 10/12/2021. T10. E19.
“Estas son las heredades que el sacerdote Eleazar, y Josué hijo de Nun, y los cabezas de los padres, entregaron por suerte en posesión a las tribus de los hijos de Israel en Silo, delante de Jehová, a la entrada del tabernáculo de reunión; y acabaron de repartir la tierra”.
Josué 19:51
Trabajo en equipo
El trabajo está hecho. Años de esfuerzo, de guerra, de entrega, han valido la pena.
La repartición de la tierra prometida ha quedado completa, y con ella se cierra un ciclo y se puede mirar el cumplimiento de la promesa de Dios.
Un trabajo que ha implicado el esfuerzo y la participación de todos.
El liderazgo de Josué se engrandece todavía más por su capacidad de hacer equipo con aquellos que necesitaba a su lado para el éxito de la misión.
La participación activa del sacerdote Eleazar, no sólo como líder espiritual si no también imparcial, pues la tribu de Leví no tenía parte en la repartición, y esto garantizaba neutralidad y mostraba la importancia de involucrar nuestra relación con Dios aún en los temas más humanos y naturales.
También participaron activamente los líderes y representantes de cada tribu. Eso da la idea de que todos estaban involucrados en el proceso. Nadie fue excluido, nadie fue echo menos, todos pudieron ser no solo espectadores sino actores importantes de este momento.
Se muestra así la habilidad de Josué para integrar a todos y desarrollar el equipo de trabajo con todas las voces e intereses presentes.
La presencia de Dios está representada en el lugar donde hicieron todo el proceso de repartición: el tabernáculo.
Fueron a Dios. No lo sacaron de la ecuación. No fueron a un lugar neutral. Fueron al origen y razón de todo.
Dios no puede quedar exento de nuestros grupos de trabajo. En él y con él debemos realizar toda labor.
Aún el mismo sistema de repartición habla de imparcialidad pues no se hizo un trabajo de autoritarismo sino de inclusión para dejar satisfechos a todos.
Esta verdad sobre la forma de trabajo en equipo revela principios de liderazgo que esos aplicables desde una gran empresa, la iglesia, y aún el seno familiar.
El hijo de Dios debe saber aplicar estos valores y ocupar el lugar que le corresponde en los equipos de trabajo donde está involucrado.
Esto traerá estabilidad, armonía y resultados positivos para gloria de Dios.
Que en la familia, la iglesia, la escuela, el trabajo o cualquier otro espacio donde desarrollemos nuestro servicio o liderazgo, pueda notarse la influencia de la Palabra de Dios en nuestro quehacer.
Isaí Rodríguez Ruiz