En su reposo. 12/08/2022. T20. E3.
“Y entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los comerciantes.”
Nehemías 3:32
Trabajo en equipo
Pocos pasajes de la Biblia nos enseñan con tanta claridad el valor del trabajo en equipo.
La forma en que se organizaron para reconstruir los muros y las puertas de Jerusalén es un ejemplo de integración.
Cuatro elementos podemos destacar de este pasaje que nos ayudan a mejorar en nuestra visión del trabajo en equipo.
“E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor”.
Nehemías 3:5
Ha quedado para la posteridad la actitud de los “grandes” entre los tecoítas.
Qué tristeza que aquellos que deberían poner el ejemplo son en ocasiones quienes rechazan la oportunidad de bendecir la obra de Dios en equipo.
Pero la historia juzgará a todos tal y como a estos egoístas hombres de Tecoa.
“Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas”.
Nehemías 3:12
Probablemente Salum no tenía hijos varones, lo que culturalmente lo hubiera descartado o excusado de participar de este proyecto.
Pero para él eso no fue un impedimento, y para sus hijas mucho menos.
La integración de las mujeres en esta lista nos demuestra que su colaboración nunca ha sido limitada, su trabajo es igualmente valioso para los objetivos que se plantean, y que definitivamente, Dios no hace acepción de personas.
“Después de él Baruc hijo de Zabai con todo fervor restauró otro tramo, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib sumo sacerdote”.
Nehemías 3:20
La actitud lo es todo a la hora del trabajo en equipo.
Hacer nuestra parte con ánimo, con pasión, con fervor, nos ayudará como a Barac, a tomar nuestro “tramo”, como una oportunidad de servicio, de honrar a Dios, de servirle a él y a los suyos.
Por último, plateros y comerciantes es apenas una parte de todos los que participaron de este proyecto.
Sacerdotes, levitas, gobernadores, sirvientes, hasta extranjeros como los gabaonitas que, por cierto, estaban bajo las órdenes de los gobernadores del otro lado del río.
Los que vivían en Jerusalén, los que vivían lejos, perfumeros, los que tenían su casa cerca del muro, los que la tenían lejos.
Todos somos valiosos, todos podemos ayudar, todos tenemos algo que aportar para que el trabajo en equipo alcance sus metas.
Así que manos a la obra, trabajemos por el Señor, por su obra, por su pueblo.
Desarrollemos y consolidemos trabajos en equipo que glorifiquen a Dios y que cumplan los anhelos de su corazón.
Isaí Rodríguez Ruiz