En su reposo. 13/09/2022. T22. E7.
"Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu".
Hechos 7:59
Una muerte gloriosa
La muerte de Esteban destaca en la historia de la iglesia por diversas razones.
Una de ellas es que es el primer mártir de la iglesia. El primero en morir por causa de su fe en Jesús.
Al paso de los años la iglesia se ha llenado de hombres y mujeres que han sido fieles hasta la muerte, dejando una estela de pasión por Cristo que ha provocado que muchos más se entreguen a la fe del evangelio y entregaran su vida por predicar la salvación en Jesús.
Es un privilegio conocer la forma en que vivieron y la disposición con que entregaron su vida con gusto.
Aun cuando los tiempos puedan ser de paz, o por lo menos no involucren un serio peligro para la vida de los creyentes, el cristiano de todos los tiempos y lugares hará bien en imitar tal pasión, fe y compromiso con Cristo.
Pero la muerte de Esteban, aún sin el hecho mismo del martirio, nos muestra la seguridad que el creyente tiene al traspasar el umbral de la muerte.
Aquel diácono vio a Cristo, sentado a la diestra del Padre, y confió plenamente que al momento de su muerte, Cristo recibiría su espíritu.
Así que, sin importar si al momento de partir de este mundo tenemos o no tal visión de la gloria de Dios, es un hecho irrefutable que el destino de Esteban, es el mismo que espera a todos los que con fe en Jesús partan de esta vida a la eternidad.
Sin lugar a dudas, al morir los hijos de Dios tendremos un lugar en la eternidad con nuestro Señor.
Vamos hacia él, y será él quien reciba nuestro espíritu; por lo tanto, el creyente en Cristo tiene esperanza en esta vida y en la muerte.
No morimos solamente, vamos a Cristo, a su presencia, a su gloria.
Si los tiempos que nos tocan vivir incluyen la necesidad del martirio, que sea así para la gloria de Dios; pero si nos concede el Señor una vida en paz y una muerte serena, aún así es su reino celestial el que nos espera, y nunca mas volveremos a separarnos de él.
Con esta certeza, la vida puede vivirse en fe y esperanza, y la muerte puede pasarse en victoria, pues toda muerte de un cristiano, es una muerte gloriosa.
Concédanoslo el Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz