En su reposo. 08/04/2022. T15. E17.
“Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca”.
1 Reyes 17:24
Varón de Dios
El capítulo que nos ocupa inicia con una poderosa palabra de juicio de la boca de Elías el profeta.
Lo impresionante es que el tisbita se atreve a afirmar que no lloverá “sino por mi palabra”.
La viuda de Sarepta entendió que la palabra que salía de la boca de Elías no era otra cosa sino Palabra de Dios.
¿Cómo llegó a esa conclusión? Ese es el tema interesante de esta historia.
Había experimentado la multiplicación de la harina y el aceite, había sobrevivido a aquella gran sequía, por hospedar a aquel extranjero hebreo.
Y por último, la impresionante resurrección de su hijo, confirmó lo que todavía hoy es fundamental para todo aquel que se hacer llamar hijo de Dios.
La congruencia entre las palabras y las acciones que rodearon a Elías es la mayor señal de la presencia del Señor en la vida de una persona.
Es probable que hable con mucha elocuencia. Tal vez incluso tenga todo el conocimiento del mundo, pero si los hechos a su alrededor no confirman sus palabras, habría que cuestionar todo lo que salga de su boca.
Y por hechos, no solamente podemos referirnos a su testimonio que debe ser intachable, sino a la confirmación de la presencia de Dios por medio del respaldo de sus palabras.
Es decir, que todas las palabras de Elias fueron confirmadas por el poder de Dios que lo acompañaba.
Elias dijo que no llovería por su palabra y efectivamente así sucedió. Porque Dios confirmó lo que su siervo decía.
Elia dijo que la harina y el aceite no faltarían y así ocurrió. Porque Dios respaldó la palabra de su profeta.
Y cuando pidió el cuerpo inerte del hijo de la viuda, Dios cumplió su petición al devolverle la vida.
Qué impresionante. Todo lo que Elías decía, sucedía.
No hay mejor prueba de que alguien es hijo de Dios que sus palabras no caigan a tierra, y que Dios respalde lo que sale de su boca.
Que aquellos a nuestro alrededor puedan testificar de la congruencia de nuestras palabras y acciones; pero sobre todo, del respaldo divino a nuestros dichos.
Que pueda verse que Dios está con nosotros y que hablamos verdad en todo momento por la presencia de Dios que nos acompaña a donde quiera que vamos.
Isaí Rodríguez Ruiz