En su reposo. 04/08/2022. T19. E6.
“Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya a todo rey y pueblo que pusiere su mano para cambiar o destruir esa casa de Dios, la cual está en Jerusalén. Yo Darío he dado el decreto; sea cumplido prontamente”.
Esdras 6:12
Victoria final
Fueron muchos años de incertidumbre, temores, y luchas para ver construido el templo de Jehová.
Los enemigos del pueblo de Dios actuaron prontamente, con maldad y fuerza para impedir los avances en la construcción, y por momentos parecían haber logrado su cometido.
Más de alguno de los líderes de la nación pudo haber sentido que jamás lograrían el objetivo.
Pero Dios estaba en el asunto. Envió hombre a que les dieran palabra de ánimo para continuar luchando.
Proveyó sabiduría para enfrentar los obstáculos y entereza para permanecer fieles a pesar de que todo parecía perdido por momentos.
Como al principio, cuando despertó el espíritu del rey Ciro, esta vez estuvo ahí para abrir los ojos de Darío y mostrarle aquel documento archivado donde se había dado la orden original de repatriación de los judíos y construcción del templo de Dios.
Y así fue como se llegó el final de la discordia, se puso fin al debate de si debían o no construir el templo.
La decisión de Darío incluso fue más allá de solo autorizar. Pues ahora aquellos que habían luchado por evitar la construcción, tendrían que ayudarles a completarla proveyendo todo lo necesario para la obra.
Qué victoria tan gloriosa.
El día que fue terminada la casa de Dios y consagrada a su servicio, todo estaba en orden y progresando en la vida de la nación.
El templo construido fue la victoria más poderosa que vio aquella generación.
La victoria que nos enseña que cuando buscamos honrar a Dios y hacer su voluntad encontraremos quien intente detenernos, pero Dios nos dará la victoria al final del día.
No importa cuántas cartas sean enviadas en nuestra contra, cuántos recursos se usen para dañar nuestra vida espiritual; al final, Dios se valdrá incluso de aquellos que quisieron dañar a sus hijos para convertirlos en instrumento de bendición para su pueblo.
Dios ya ha ganado la victoria para su iglesia en la cruz del Calvario. Avancemos confiados, cumpliendo su perfecta voluntad, y seamos testigos de la victoria que tiene reservada para los suyos.
Isaí Rodríguez Ruiz