En su reposo. 03/04/2023. T24. E110.
"Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud".
Sal. 110:3
Voluntariamente
El poder de un rey suele venir de su grandeza, de los hechos portentosos que realiza, pero no así en el caso del rey de Israel.
Este salmo nos enseña que Dios es el que da poder al rey.
Pero si esta verdad es por sí misma sobresaliente, su trascendencia es mayor cuando podemos visualizar su mensaje mesiánico.
Aunque se dirige al rey de Jerusalén, tiene su mirada puesta en el glorioso rey que vendría, y vino, en la persona de Jesús de Nazaret.
Es el Padre quien otorga a su Hijo el trono de David, y quien le promete darle dominio sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.
Entendido así, la grandeza del rey de Israel a quien se somete voluntariamente la nación, es solo una muestra de aquel día glorioso en el que todo el universo reconocerá la grandeza del Mesías.
Mientras tanto, aquellos que hoy comprenden quién es Jesús, su venida al mundo, su obra redentora en la cruz y su lugar en el trono de la gloria, toman desde ya la decisión de seguirlo y honrarlo, voluntariamente.
Esta siempre fue, es y será la única forma en que el hombre ha de rendir adoración al Señor.
Su pueblo, su iglesia, sus discípulos venimos ante él en gratitud, reconociendo su gran misericordia, y su poderío, su justicia, su santidad, su gracia y amor; y nos humillamos ante su grandeza rindiéndole la adoración de nuestros corazones.
Nadie nos obliga, nadie nos presiona, nadie nos manipula.
No es un tema de religión familiar, mucho menos de compromiso social.
Es simple y llana gratitud, porque hemos comprendido quién es él y lo que ha hecho por nosotros.
Un día, el mundo entero reconocerá lo que la iglesia ya sabe ahora, y por lo tanto nos gozamos en aquel día, y entre tanto llega, hoy, voluntariamente le decimos:
Jesús, tú eres mi Señor y Dios desde ahora y por la eternidad.
Isaí Rodríguez Ruiz