En su reposo. 09/05/2022. T16. E21.
“Porque volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, como había hecho Acab rey de Israel; y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas cosas”.
2 Reyes 21:3
Volver al pecado
Pocos se reyes de Judá hicieron tanto mal a la nación como Manasés. La mayoría de reyes intentaron hacer bien las cosas, y aunque no lograban un cambio profundo en la vida de la nación, por lo menos no penetraba fuertemente la idolatría como en el reino del norte.
Incluso alguno reyes como el padre de Manasés lograron verdaderas reformas espirituales en la nación que auguraban muy buenas cosas.
El rey Ezequías, apoyado por el profeta Isaías, llevaron a cabo con gran esfuerzo y compromiso una reforma que alejó a la nación del pecado de la idolatría.
Parecía que todo rastro de ídolos había desaparecido de la nación y que los años por venir serían de bendición espiritual.
Pero la llegada al trono de Manasés cambió todo lo que se tenía por esperanza. En poco tiempo revirtió la situación e incluso la hizo todavía peor que antes del reinado de su padre.
Restauró todo aquello que su padre había luchado por quitar, y añadió otro terribles pecados que ningún rey anterior se había atrevido siquiera a imaginar.
Qué fácil y rápido la nación se olvidó de la santificación y de su compromiso con Dios.
Qué fácil y rápido volvieron todos al pecado de la idolatría que aparentemente habían dejado atrás.
Qué fácil y rápido contaminaron sus corazones con la maldad que se puso frente a sus ojos.
Que fácil y rápido somos los hombres para alejarnos de Dios y perder todo aquello que con sacrificios y esfuerzo habíamos alcanzado.
Cuesta mucho trabajo vencer al pecado, pero si le damos una oportunidad, este siempre regresa con fuerza sobre nuestras vidas.
Lo poco o mucho que hayamos logrado alcanzar en nuestra vida espiritual puede perderse rápidamente si nos descuidamos.
Un pequeño desliz, un exceso de confianza, una excusa bien planeada, y todo lo bueno que hayamos logrado puede irse al precipicio y perderse.
Y lo siguiente que sabremos será vernos a nosotros mismos en una condición igual o peor que la que teníamos antes de nuestra relación con el Señor.
Que esta lección de la historia bíblica nos ayude a permanecer alertas y evitar de esa manera volver a nuestra vida anterior de pecado.
Que recordemos que en Cristo hemos sido perdonados y limpiados, y que su Santo Espíritu está ahí para ayudarnos a vencer toda tentación que se pueda presentar para hacernos caer de nuevo en la maldad.
Evitemos volver al pecado y mantengamos nuestras vidas en comunión con nuestro bendito Salvador.
Isaí Rodríguez Ruiz