Es común en el ministerio de hoy que muchas personas se sientan infravaloradas. Cuando nadie nos ve, Dios lo hace. Somos obra de Dios y siempre que las personas te aprecian, sin darse cuenta están alabando al creador por Su creación. Debemos cambiar nuestra perspectiva ya que la atención y el elogio de las personas solo duran un tiempo, pero Dios nos aprecia y eso valdrá más que el elogio de cualquier otra persona. Su alabanza es suficiente.