"Qué diablo de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín".
Saramago nos regala una cruda y humorística parodia del gobierno del Cielo. En un itinerario heterodoxo, recorre ciudades decadentes y establos, palacios de tiranos y campos de batalla de la mano de los principales protagonistas del Antiguo Testamento, imprimiéndole la música y el humor refinado que caracterizan su obra.
Caín pone de manifiesto lo que hay de moderno y sorprendente en la prosa de Saramago: la capacidad de hacer nueva una historia que se conoce de principio a fin. Un irónico y reflexivo recorrido entre el creador y su criatura.
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