En los 90’s recuerdo un temor escatológico generalizado por la segunda venida de Cristo, una visita imprevista de un Jesús justiciero que aparecería con furia para oprimir y condenar a santos y pecadores, al lado de una bestia apocalíptica marcada con el 666 que arribaría también por los suyos. Este mito urbano que predicaba el fin del mundo, llevó a que las parroquias abarrotadas de feligreses días antes al 6 de junio de 1996, hicieran su negocio con bautizos masivos que garantizarían la salvación a todo niño neonato no bautizado para evitar su perdición en el limbo, tal como lo creyeron leer en la biblia los curas y pastores.
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