Por estos días Bolívar está devaluado. No solo la moneda venezolana, sino aquella tradición bolivariana que pareciese que sigue dando tumbos de mal en peor. Y es que hablar de tradición en nuestro país es un tema tan serio como la celebración de los carnavales en Barranquilla o en Pasto. Bolívar, nuestro Gus Bolívar, es la estrella en la escena política debido a sus insinuantes propuestas a propósito de la fanfarria indignada llamada Paro Nacional. Este admirable adalid de la astucia, mito en vida fundado por los mismos creadores de leyendas urbanas contemporáneas, se ha convertido en otro de aquellos próceres de espantos y ficciones cuyas promesas se convierten en odas alegres de un mal chiste. Una alegría amnésica que inició con una triste comedia de Nueva Granada no mal nombrada Patria Boba.
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