Martín González renunció a su empleo y volvió al hogar familiar. Su espíritu anarquista lo impulsó a abrir las puertas de su casa a los habitantes de la colonia Joaquín Colombres, en un esfuerzo por descentrificar la cultura y el arte. Con la venta de comida y pulque, Casa Conejo gestiona talleres, exposiciones y otras actividades que se ofertan gratuitamente y contribuyen al desarrollo sociocultural de su comunidad.