Este texto es una gran invitación a la fraternidad, al compromiso ético para superar la violencia, no a través de más violencia, sino a través de las relaciones, la convivencia, el vínculo, el respeto, la responsabilidad por el otro que despierta y madura en la educación para la paz. La misma pregunta de Dios a Caín es la pregunta para cada uno de nosotros: “¿dónde está tu hermano?”