Siempre estamos preocupados por muchos proyectos, por muchas tareas, por las crisis, por la disminución del número de personas en las Iglesias, por el futuro del cristianismo, pero el evangelio nos recuerda algo central: el punto de partida es un abrir de ojos, un parpadeo, un esfuerzo para llegar a los "cansados y abatidos” de la historia. A partir de ahí, hay que trabajar para hacer crecer la vida, expandirla, ¡con pasión! Cada día, en la condición en que nos encontremos, el Señor nos llama a “trabajar en la mies, en la cosecha”. Pequeños pasos, pequeñas brechas, pequeños movimientos que son esperanza: “El Reino de Dios está cerca”.