El principio de todos los males es la desatención. La presencia de Jesús, siempre muy cercana, recuerda un detalle fundamental del Evangelio:
la atención de Jesús a cada persona y a cada acontecimiento. Jesús estuvo integralmente frente a aquella señora enferma y estuvo integralmente en cada lugar al que iba. ¡La atención es uno de los grandes logros de la vida y, más aún, de la vida espiritual!