"¿No saben ustedes que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?"; nos explica San Pablo. Mi alma y toda mi persona está consagrada al Espíritu y habitada por Él. Es Él quien nos anima, ilumina y vivifica nuestra alma, quien nos forma y transforma interiormente. [Reflexión al evangelio del Domingo III ordinario, Lc 1,1-4; 4,14-21]