Ésta es la tarea más exigente de la espiritualidad: ¡el lugar del corazón, el lugar de las intenciones! Es a través del corazón que tiene sentido orar la Palabra de Dios, experimentar la Eucaristía, celebrar los sacramentos, vivir en comunidad, sumergirnos en el amor. ¡Fuera del “corazón” no hay espiritualidad!