Juan es un testigo excepcional por el amor que le tenía al maestro, al punto que fue el único apóstol que estuvo acompañándolo al pie de la cruz. Jesús también lo quería. Por ese amor excepcional, Juan es el único que entiende que no se han llevado el cuerpo del sepulcro. [Reflexión al evangelio del martes 3er. día de octava de Navidad].