En 1862 el Papa Pío IX bendijo las revelaciones de Jesús a Santa Brígida. Brígida practicaba y meditaba diariamente en la vida y sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo. El crucifijo prometió a Brígida los siguientes privilegios, con la condición de que ella fuera fiel a la diaria recitación del santo oficio. Y se garantiza también a todo aquél que diga las oraciones devotamente cada día por el espacio de un año. He aquí las promesas. En memoria de mi Santa madre María del Carmen Cortéz que me ha apoyado toda su vida. DEP+