Las palabras de Jesús para su tiempo y ahora también para nosotros, parecieran absurdas van contra la respuesta de quien pudiera sentirse lastimado, herido o humillado. Dios mismo ve y ama a las personas, sobre todo a las más débiles y sencillas. [Reflexión al Evangelio del sábado I de Cuaresma, Mt 5,43-48. Voz: Karen López].