A la invitación del banquete no es suficiente decir "Sí, yo voy" o ir de todos modos. Se trata de una invitación que requiere un vestido especial, requiere desvestirnos del hombre y mujer viejos, corruptos, etc. Y vestirnos de la gracia de Dios, de la solidaridad, caridad, etc., como hombres y mujeres "nuevos".