La palabra “esfinge” procede del término griego “sfigx”, que significa “estrangulador” y
se empleaba en la antigüedad para designar a un demonio de destrucción y mala
suerte que la cultura helena representó como una criatura con rostro y busto de mujer,
cuerpo de león y alas de ave. La más famosa de las esfinges griegas fue la esfinge de
Tebas, una especie de guardiana que reposaba en un monte de la ciudad y sólo dejaba
pasar a los viajeros que acertaran a responder el siguiente enigma: “¿Qué criatura de
una sola voz camina con cuatro piernas por la mañana, con dos al mediodía y con tres
al anochecer, y es más débil cuantas más piernas tiene?”.