Aquí vengo desde niña. Salíamos de mi casa, que estaba a la orilla del canal. Nos parábamos antes del amanecer para darle de almorzar a mi papá y a mi hermanito que se iban a levantar la hortaliza a la chinampa. Mientras regresaban, mi mamá y yo nos apurábamos en la cocina, a limpiar el corral y los chiqueros, además en darles de comer a los puercos, las gallinas y los guajolotes. Es que había que cuidarlos muy bien, porque de ellos vivíamos, además del maíz, el frijol, los quelites, el rábano, las habas y otras plantas que sacábamos por temporada del campo. Eso sin olvidarme del pescado, porque en aquel entonces se podía comer ya que el agua del canal era clarita.