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Servir a Dios no es tanto dar algo de nosotros a Dios, sino recibir de Dios.

Él nos llama a recibir de sus riquezas, dones y propósito para servir en su Reino por el bienestar de nuestro propio espíritu.

Jesús nos llamó a servir a Dios y no a las riquezas, esto significa obtener de Cristo, y no de las riquezas, la provisión para todas nuestras necesidades.

Este servicio se puede realizar explusivamente en el templo. La buena noticia es que al creer en Cristo has entrado en el verdadero templo, no hecho por manos humanas, has entrado en Cristo, eres parte de la iglesia que es su propio cuerpo.

Al habitar ahora en el verdadero templo; ¡sirvamos a Dios!