Escuchar en el fondo es ser atento con el otro, una manera de mostrarle respeto, pero es también la capacidad de recibir, de dar quietud a nuestra mente y de formar ese “nosotros” que somos, cruzar la frontera del yo y dejar de centrar la atención en nosotros mismos. De una forma clara, me ha gustado como lo describe Lenkerdorf (2008):
“Recibir encierra un secreto: es el otro, son los otros cuyas palabras no las hacemos, no son producto de nuestro actuar, sino que vienen de fuera y nos sacan del centro donde nuestro yo prefiere estar para mandar, dirigir.”