Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él.
Todo empieza por el amor de Dios
Este es el origen de cualquier movimiento de Dios hacia las personas, y también la convicción por la que debería empezar nuestra evangelización.
¿Qué hubiese pasado si Dios no hubiese dado a su Hijo? ¿Cuál es la esperanza de la humanidad sin Dios?