Con la garganta en llamas
y las ideas agusanadas.
Con odio y autodesprecio.
Me levanto sin descansar,
me despierto sin dormir
y sueño sin ansias
un constante desconsuelo.
No es día, ni tampoco noche,
es el golpeteo del terror,
es el golpeteo del reloj sin horas,
el tic tac dentro de esta caja
que sin resonancias emite quejidos.
Hay hambre, hay pena,
hay rabia y frustración,
hay hastío y autoflagelo,
hay miradas lacerantes inquisitivas,
saliendo desde el espejo,
pidiendo a gritos explotar.
Las horas se detuvieron
y no lucharon por seguir su rumbo.
La pista de los sesenta minutos
quedó vacía, mirando perpleja,
pidiendo audiencia con la cordura.
Estás ahí?
me pregunto nuevamente,
estoy aquí, no puedo responderme.
Escupo al paso del tiempo
y en lo que me convirtió,
escupo y rompo ese espejo
de cristales manchados
con sangre y sudor.
Camino con la vista hacia abajo
y la frente en alto,
corro, me alejo y me pierdo,
huyo de mí y de mis demonios,
de los fantasmas del pasado
que jamás me soltaron.
Me pongo de pie,
me hundo con rapidez,
y trato de retomar el rumbo,
pero cuál rumbo,
quise alejarme y jamás lo hice,
quise esconderme
y no encontré refugio,
quise volver pero nunca me fui.
La musiquilla jamás se detuvo,
el antiguo soneto resuena
una vez más dentro de esta caja.
Nubes, mar, tormenta y viento,
El sonido de las olas
y el de un cormorán
adornan el paisaje,
frío y nubes.